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Director: Rafael Marín Email rafaelmarinusa@gmail.com New York

 

 

EL GRAN HOTEL BOLÍVAR 
Cuando yo era adolescente y tenía sueños de grandeza y de sentirme turista elegante, ya hace “cuchucientos años”, solía tomar mi colectivo* al centro de Lima, contradiciendo mis fantasías expresadas, y me bajaba en la Plaza San Martín, desde donde me dirigía hacia el elegante Hotel Bolívar. 
A las 5 de la tarde se servía el té en el vestíbulo del hotel, y los “gringos” extranjeros que se alojaban allí, bajaban a degustar los sánguches y elaborados pastelitos que los elegantes mozos presentaban en finas carretillas rodantes de madera. Ni me acuerdo cuánto costaba el “lonche” (como corrientemente se refería uno a la hora del té)…creo que 5 soles…Pero el hecho es que me sentaba en uno de los mullidos sillones que tenía el suntuoso recibo, y comía admirando las sendas columnas de mármol y la impresionante cúpula de vitrales de colores que coronaba ese ambiente; quizás imaginándome que algún día conocería “otros mundos”. Era una de mis tantas locuras.
El Hotel Bolívar fue concebido, allá por los años 1920, por el presidente Augusto B. Leguía, quien convenció a los empresarios Augusto y Fernando Wiese, para construir un gran hotel que albergase a importantes personalidades políticas y a los dignatarios extranjeros que habían sido invitados al Perú con ocasión de las celebraciones por el centenario de la Batalla de Ayacucho. La construcción de la obra fue encargada a la compañía norteamericana Fred J. Ley and Company.
Por ese entonces Lima no contaba con un establecimiento hotelero con el confort y lujo requeridos para tal ocasión. Los hoteles Maury, Francia, Inglaterra, y otros, alojaban mayormente a trabajadores de las empresas mineras situadas en la sierra del Perú. Las casas de pensión eran escasas.
El hotel se construyó sobre un terreno de 4,000 metros cuadrados, de propiedad del estado, que anteriormente había sido ocupado por una carpa dentro de la cual se exhibían películas de estreno, y posteriormente, en 1921, por el Palacio de Cartón: Un salón dedicado a la Exposición Internacional de Industrias.
El diseño, de estilo neocolonial o modernista, fue concebido por el Arquitecto Rafael Marquina Bueno, quien en 1901 se gradúo de la Universidad de Cornell, para convertirse en el primer diplomado peruano en dicha especialidad. Entre las principales obras que Marquina construyó por aquella época, se pueden citar el Puericultorio Pérez Araníbar, el Hospital Arzobispo Loayza, y el conjunto arquitectónico de la Plaza San Martín.
Marquina diseñó, asimismo, parte del mobiliario. Éste fue mandado a hacer exclusivamente a Europa, a la casa inglesa Waring Gillow. También se adquirieron muebles y lámparas antiguas para el Salón Dorado. Los salones y los comedores, así como las habitaciones, fueron decorados dentro del mejor gusto de la época: baños de mármol, arañas de cristal, lámparas de alabastro y alfombras belgas
Según Ricardo Guerrero, en su artículo “Patrimonio: Belleza Por Dentro y Por Fuera”, en el Bolívar se encuentran los dos primeros ascensores que funcionaron en el Perú, y el primer radio a tubos que se escucho en el país. El gobierno exoneró de impuesto de aduanas a todos los productos importados que estuviesen destinados para la decoración del hotel.
El hotel se inauguró el 9 de Diciembre de 1924, a los seis meses de haberse iniciado su construcción, para lo cual se emplearon más de dos mil operarios a tiempo completo. Para tal oportunidad, se realizó una cena danzante espectacular, a la que asistieron el presidente, delegaciones extranjeras, y personalidades de la alta sociedad limeña.
Al principio se le nombró Hotel Ayacucho; pero al enterarse Leguía que la traducción al español de la palabra quechua “Ayacucho” significa “rincón de los muertos”, le cambió el nombre a Bolívar: “Señores, efectivamente no se le puede poner Ayacucho; pero como ante un San Martín sólo cabe un Bolívar, pues pónganle Bolívar”.
La planta inicial tenía 200 habitaciones y el comedor podía albergar a alrededor de 500 personas. En 1938, con ocasión de la VIII Conferencia Panamericana, Marquina recibió el encargo de ampliar el hotel, agregándole dos pisos. 
Actualmente, de los 4 pisos destinados a habitaciones, sólo 2 están abiertos a la reserva y cuenta con 106 habitaciones disponibles.
En la época en que se construyó, su ubicación fue considerada muy estratégica, ya que éste estaba situado junto a los terminales de transporte público que iban al Callao y Magdalena y a las de los tranvías que se dirigían a Miraflores, Barranco y Chorrillos.
El Salón Dorado del hotel es una réplica del existente en el Palacio de Gobierno.
Desde que se inauguró el hotel, hasta 1968, en el Salón de Embajadores, ahora Salón Bolívar, se hacia la entrega de credenciales a los nuevos embajadores.
En el Salón Principal se daban grandes banquetes para las grandes personalidades. En el balcón, tocaba la Orquesta Sinfónica Nacional mientras almorzaban los presidentes y cancilleres.
En los años 1950 tuvieron gran apogeo el Grill Bolívar y el Bar Inglés. En este último se servía el famoso Pisco Sour en copas enormes llamadas “Catedrales”. Se dice que el actor Orson Welles se tomó cuatro vasos de éstos y sobrevivió… Ava Gardner, solía alojarse en el hotel; y dicen que fue una de las primeras mujeres que visitó el bar y que en una ocasión, después de tomarse varios piscos, bailó sobre una de las mesas. Pérez Prado bailó allí el Mambo por primera vez.
Muchas personalidades se han alojado allí: desde presidentes como Charles de Gaulle, Richard Nixon, Raúl Alfonsín, Alejandro Toledo; escritores como William Faulkner, Ernest Hemingway; cantantes como Armando Manzanero, Mick Jagger y el Puma. Todos están inscritos en el “libro de oro” del hotel.
Alfonso Pardo se suicidó con un balazo, en la habitación 317. Se tejen una serie de historias acerca de la existencia de fantasmas en los pisos superiores del hotel, que ahora no se encuentran en uso.
Según Rafo León, en su libro “Lima Bizarra”, en el comedor había varios aparadores que estaban destinados a cada uno de los mozos que servían; cada uno tenía 25 juegos de cubiertos de plata. Hoy en día, los cubiertos son de acero y se distribuyen en la cocina.
Después del terremoto de 1970, el hotel sufrió varios daños y fue reconstruido en parte.
El hotel fue adquirido en los años 1970 por el empresario Luis León Rupp y posteriormente, en los años 2000 fue embargado por deudas pendientes con los trabajadores. Sus premisas cerraron temporalmente, y parte de sus pertenencias fueron rematadas por la SUNAT para cubrir las deudas por falta de pago de impuestos y de arbitrios. Sin embargo, debido a que el hotel había sido declarado Patrimonio Cultural desde 1973, se reconsideró y suspendió la venta de muchos de sus enseres.
Durante los años 1980, con la tugurización del centro de Lima, la invasión del transporte público, y la crisis económica, el hotel bajó en popularidad. Poco a poco sus habitaciones fueron deteriorándose. El Grill y el Bar Inglés cerraron; y éste último se convirtió en un Kentucky Fried Chicken.
Actualmente, la empresa española Arte Express, que se dedica a comprar y renovar monumentos históricos con el fin de restaurarlos, tiene planes para comprar el dilapidado Hotel Bolívar. La idea es reconvertirlo en un gran hotel de lujo. Fernando Palazuelo, propietario de dicha empresa dice que la recuperación de un centro histórico es una garantía de éxito económico y de incremento del turismo. Según él, “La primera planta quedaría intacta; sobre todo la decoración. Además, respetaríamos las suites y las habitaciones más importantes (en el segundo y tercer piso), pero el resto las readaptaríamos con tecnología de ultima generación en gestión hotelera”. Actualmente, esta empresa ha comprado y está renovando importantes edificios situados alrededor de la Plaza San Martín, como son:
1) Edificio de la antigua Compañía de Teléfonos
2) Edificio Italia
3)Casa Coca
4) Casa Wiese
5) Edificio Encarnación
6) Edificio Minera
7) Edificio Sudamericana
8) Edificio Fénix y
9) Edificio Fénix-Encarnación
Actualmente, los salones del hotel se alquilan para eventos especiales, como conferencias, matrimonios (incluyen la ‘noche de bodas’ para los recién casados), quinceañeros y reuniones políticas.
Las compañías de ómnibus turísticos llevan a sus clientes a “tomar lonchecito” allí, como parte de su recorrido. Por experiencia propia, les puedo decir que fue una visita muy agradable, y que los sanguchitos y pastelitos que nos ofrecieron sabían exactamente a los que me comía en tiempos antiguos, mientras contemplaba los vitrales en el hall principal.
Es sumamente interesante la propuesta de restaurar el centro histórico de Lima y retornarlo a su gloria antigua. La compra, a un precio razonable, de locales ahora desvencijados y su renovación, con la asistencia del Instituto Nacional de Cultura, revitalizarán la ciudad.; promoviendo de paso el incremento del turismo. Ya en el Cercado de Lima se está notando un cambio favorable en este respecto. 
*carros que hacían transporte público, y que trasladaban a 4 o 5 pasajeros, “cómodamente apretados”, por una ruta fija, hacia sus más próximos destinos. Éstos han sido reemplazados por las célebres combis asesinas, que hoy invaden las calles de la Lima céntrica.
Lucía Newton de Valdivieso
16 de Septiembre de 2009

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