|
|

EL
GRAN HOTEL BOLÍVAR
Cuando yo era adolescente y tenía sueños de grandeza y de sentirme
turista elegante, ya hace “cuchucientos años”, solía tomar mi
colectivo* al centro de Lima, contradiciendo mis fantasías
expresadas, y me bajaba en la Plaza San Martín, desde donde me
dirigía hacia el elegante Hotel Bolívar.
A las 5 de la tarde se servía el té en el vestíbulo del hotel, y
los “gringos” extranjeros que se alojaban allí, bajaban a
degustar los sánguches y elaborados pastelitos que los elegantes
mozos presentaban en finas carretillas rodantes de madera. Ni me
acuerdo cuánto costaba el “lonche” (como corrientemente se
refería uno a la hora del té)…creo que 5 soles…Pero el hecho
es que me sentaba en uno de los mullidos sillones que tenía el
suntuoso recibo, y comía admirando las sendas columnas de mármol y
la impresionante cúpula de vitrales de colores que coronaba ese
ambiente; quizás imaginándome que algún día conocería “otros
mundos”. Era una de mis tantas locuras.
El Hotel Bolívar fue concebido, allá por los años 1920, por el
presidente Augusto B. Leguía, quien convenció a los empresarios
Augusto y Fernando Wiese, para construir un gran hotel que albergase
a importantes personalidades políticas y a los dignatarios
extranjeros que habían sido invitados al Perú con ocasión de las
celebraciones por el centenario de la Batalla de Ayacucho. La
construcción de la obra fue encargada a la compañía
norteamericana Fred J. Ley and Company.
Por ese entonces Lima no contaba con un establecimiento hotelero con
el confort y lujo requeridos para tal ocasión. Los hoteles Maury,
Francia, Inglaterra, y otros, alojaban mayormente a trabajadores de
las empresas mineras situadas en la sierra del Perú. Las casas de
pensión eran escasas.
El hotel se construyó sobre un terreno de 4,000 metros cuadrados,
de propiedad del estado, que anteriormente había sido ocupado por
una carpa dentro de la cual se exhibían películas de estreno, y
posteriormente, en 1921, por el Palacio de Cartón: Un salón
dedicado a la Exposición Internacional de Industrias.
El diseño, de estilo neocolonial o modernista, fue concebido por el
Arquitecto Rafael Marquina Bueno, quien en 1901 se gradúo de la
Universidad de Cornell, para convertirse en el primer diplomado
peruano en dicha especialidad. Entre las principales obras que
Marquina construyó por aquella época, se pueden citar el
Puericultorio Pérez Araníbar, el Hospital Arzobispo Loayza, y el
conjunto arquitectónico de la Plaza San Martín.
Marquina diseñó, asimismo, parte del mobiliario. Éste fue mandado
a hacer exclusivamente a Europa, a la casa inglesa Waring Gillow.
También se adquirieron muebles y lámparas antiguas para el Salón
Dorado. Los salones y los comedores, así como las habitaciones,
fueron decorados dentro del mejor gusto de la época: baños de mármol,
arañas de cristal, lámparas de alabastro y alfombras belgas
Según Ricardo Guerrero, en su artículo “Patrimonio: Belleza Por
Dentro y Por Fuera”, en el Bolívar se encuentran los dos primeros
ascensores que funcionaron en el Perú, y el primer radio a tubos
que se escucho en el país. El gobierno exoneró de impuesto de
aduanas a todos los productos importados que estuviesen destinados
para la decoración del hotel.
El hotel se inauguró el 9 de Diciembre de 1924, a los seis meses de
haberse iniciado su construcción, para lo cual se emplearon más de
dos mil operarios a tiempo completo. Para tal oportunidad, se realizó
una cena danzante espectacular, a la que asistieron el presidente,
delegaciones extranjeras, y personalidades de la alta sociedad limeña.
Al principio se le nombró Hotel Ayacucho; pero al enterarse Leguía
que la traducción al español de la palabra quechua “Ayacucho”
significa “rincón de los muertos”, le cambió el nombre a Bolívar:
“Señores, efectivamente no se le puede poner Ayacucho; pero como
ante un San Martín sólo cabe un Bolívar, pues pónganle Bolívar”.
La planta inicial tenía 200 habitaciones y el comedor podía
albergar a alrededor de 500 personas. En 1938, con ocasión de la
VIII Conferencia Panamericana, Marquina recibió el encargo de
ampliar el hotel, agregándole dos pisos.
Actualmente, de los 4 pisos destinados a habitaciones, sólo 2 están
abiertos a la reserva y cuenta con 106 habitaciones disponibles.
En la época en que se construyó, su ubicación fue considerada muy
estratégica, ya que éste estaba situado junto a los terminales de
transporte público que iban al Callao y Magdalena y a las de los
tranvías que se dirigían a Miraflores, Barranco y Chorrillos.
El Salón Dorado del hotel es una réplica del existente en el
Palacio de Gobierno.
Desde que se inauguró el hotel, hasta 1968, en el Salón de
Embajadores, ahora Salón Bolívar, se hacia la entrega de
credenciales a los nuevos embajadores.
En el Salón Principal se daban grandes banquetes para las grandes
personalidades. En el balcón, tocaba la Orquesta Sinfónica
Nacional mientras almorzaban los presidentes y cancilleres.
En los años 1950 tuvieron gran apogeo el Grill Bolívar y el Bar
Inglés. En este último se servía el famoso Pisco Sour en copas
enormes llamadas “Catedrales”. Se dice que el actor Orson Welles
se tomó cuatro vasos de éstos y sobrevivió… Ava Gardner, solía
alojarse en el hotel; y dicen que fue una de las primeras mujeres
que visitó el bar y que en una ocasión, después de tomarse varios
piscos, bailó sobre una de las mesas. Pérez Prado bailó allí el
Mambo por primera vez.
Muchas personalidades se han alojado allí: desde presidentes como
Charles de Gaulle, Richard Nixon, Raúl Alfonsín, Alejandro Toledo;
escritores como William Faulkner, Ernest Hemingway; cantantes como
Armando Manzanero, Mick Jagger y el Puma. Todos están inscritos en
el “libro de oro” del hotel.
Alfonso Pardo se suicidó con un balazo, en la habitación 317. Se
tejen una serie de historias acerca de la existencia de fantasmas en
los pisos superiores del hotel, que ahora no se encuentran en uso.
Según Rafo León, en su libro “Lima Bizarra”, en el comedor había
varios aparadores que estaban destinados a cada uno de los mozos que
servían; cada uno tenía 25 juegos de cubiertos de plata. Hoy en día,
los cubiertos son de acero y se distribuyen en la cocina.
Después del terremoto de 1970, el hotel sufrió varios daños y fue
reconstruido en parte.
El hotel fue adquirido en los años 1970 por el empresario Luis León
Rupp y posteriormente, en los años 2000 fue embargado por deudas
pendientes con los trabajadores. Sus premisas cerraron
temporalmente, y parte de sus pertenencias fueron rematadas por la
SUNAT para cubrir las deudas por falta de pago de impuestos y de
arbitrios. Sin embargo, debido a que el hotel había sido declarado
Patrimonio Cultural desde 1973, se reconsideró y suspendió la
venta de muchos de sus enseres.
Durante los años 1980, con la tugurización del centro de Lima, la
invasión del transporte público, y la crisis económica, el hotel
bajó en popularidad. Poco a poco sus habitaciones fueron deteriorándose.
El Grill y el Bar Inglés cerraron; y éste último se convirtió en
un Kentucky Fried Chicken.
Actualmente, la empresa española Arte Express, que se dedica a
comprar y renovar monumentos históricos con el fin de restaurarlos,
tiene planes para comprar el dilapidado Hotel Bolívar. La idea es
reconvertirlo en un gran hotel de lujo. Fernando Palazuelo,
propietario de dicha empresa dice que la recuperación de un centro
histórico es una garantía de éxito económico y de incremento del
turismo. Según él, “La primera planta quedaría intacta; sobre
todo la decoración. Además, respetaríamos las suites y las
habitaciones más importantes (en el segundo y tercer piso), pero el
resto las readaptaríamos con tecnología de ultima generación en
gestión hotelera”. Actualmente, esta empresa ha comprado y está
renovando importantes edificios situados alrededor de la Plaza San
Martín, como son:
1) Edificio de la antigua Compañía de Teléfonos
2) Edificio Italia
3)Casa Coca
4) Casa Wiese
5) Edificio Encarnación
6) Edificio Minera
7) Edificio Sudamericana
8) Edificio Fénix y
9) Edificio Fénix-Encarnación
Actualmente, los salones del hotel se alquilan para eventos
especiales, como conferencias, matrimonios (incluyen la ‘noche de
bodas’ para los recién casados), quinceañeros y reuniones políticas.
Las compañías de ómnibus turísticos llevan a sus clientes a
“tomar lonchecito” allí, como parte de su recorrido. Por
experiencia propia, les puedo decir que fue una visita muy
agradable, y que los sanguchitos y pastelitos que nos ofrecieron sabían
exactamente a los que me comía en tiempos antiguos, mientras
contemplaba los vitrales en el hall principal.
Es sumamente interesante la propuesta de restaurar el centro histórico
de Lima y retornarlo a su gloria antigua. La compra, a un precio
razonable, de locales ahora desvencijados y su renovación, con la
asistencia del Instituto Nacional de Cultura, revitalizarán la
ciudad.; promoviendo de paso el incremento del turismo. Ya en el
Cercado de Lima se está notando un cambio favorable en este
respecto.
*carros que hacían transporte público, y que trasladaban a 4 o 5
pasajeros, “cómodamente apretados”, por una ruta fija, hacia
sus más próximos destinos. Éstos han sido reemplazados por las célebres
combis asesinas, que hoy invaden las calles de la Lima céntrica.
Lucía Newton de Valdivieso
16 de Septiembre de 2009
|